domingo, 28 de noviembre de 2010

Comentario de texto


De cómo murió Trotaconventos y de cómo el arcipreste hace su planto denostando[1] y maldiciendo a la muerte.

¡Ay Muerte! muerta seas, muerta, y mal andante
mataste a mi vieja, matases a mí antes;
enemiga del mundo, que no tienes semejante
de tu memoria amarga no hay quien se espante.

Muerte, al que tú hieres, te lo llevas con velmez[2],
al bueno y al malo, al rico, y al refez[3]
a todos los igualas y los llevas por un prez[4]
por papas y por reyes no das una vil nuez.

No compruebas señorío, deudo[5], ni amistad,
con todo el mundo tienes continua enemistad,
non hay en ti mesura, amor, ni piedad
si no dolor, tristeza, pena y gran crueldad.

No puede huir de ti nadie, ni esconderse,
nunca existió quien contigo pudiese contender[6]
Tu venida triste no se puede entender,
desde que vienes, no quieres a nadie atender.

Dejas el cuerpo yermo a gusanos en fosa
el alma que lo puebla, te la llevas de priesa,
Nadie está seguro de tu carrera aviesa[7],
de fablar en ti, Muerte, espanto me atraviesa.

Eres en tal manera del mundo aborrecida
que por bien que lo amen al hombre en la vida,
en punto que tú vienes con tu mala venida
todos huyen de él luego como de cosa podrida.

                         (…)

Los ojos tan hermosos los pones en el techo,
los ciegas en un punto, no tienen en sí provecho
enmudeces el habla, haces enronquecer el pecho
en ti es todo mal, rencor y despecho.

El oír y el oler, el tañer, el gustar,
todos los cinco sentidos tú los vienes tomar;
non hay hombre que te sepa del todo denostar,
cuando eres denostada ¿dónde te vienes acostar?

Tiras toda vergüenza, deshaces hermosura
desadornas la gracia, denuestas la mesura,
enflaqueces la fuerza, enloqueces la cordura,
lo dulce haces hiel con tu mucha amargura.

Desprecias lozanía[8], el oro oscureces,
deshaces la hechura, alegría entristeces
mancillas la limpieza, cortesía envileces,
Muerte, matas la vida, al mundo aborreces.

                      (…)

¡Ay mi Trotaconventos, mi leal verdadera!
Muchos te seguían viva, muerta yaces señera,
¿a dónde te me han llevado? no sé cosa certera,
nunca torna con nuevas[9] quien anda esta carrera.

A Dios merced le pido que te dé su gloria,
que más leal trotera nunca fue en memoria,
te haré un epitafio escrito con historia
pues si a ti no viere, veré tu triste historia.

Daré por ti limosna, y haré oración,
haré cantar misas, y daré oblación[10]
la mi Trotaconventos ¡Dios te dé redención!
El que salvó el mundo ¡él te dé salvación!



[1] Injuriar gravemente, infamar de palabra
[2] Vestidura que se ponía debajo de la armadura
[3] Barato, que vale poco
[4] Honor, estima, consideración
[5] Parentesco
[6] Luchar
[7] Torcida, fuera de toda regla
[8] Viveza y gallardía nacidas del vigor y robustez.
[9] Noticias
[10] Ofrenda y sacrificio que se hace a Dios


Comentario de texto

1. Localización.
Este fragmento está extraído de El libro de Buen Amor (LBA) de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. En la mayoría de las obras escritas antes del siglo XV, no sabemos ni el autor ni el nombre de la obra. Nos encontramos ante un hecho excepcional puesto que en este caso se conoce el nombre, Juan Ruiz; el cargo, arcipreste de Hita (Guadalajara) y el nombre que dio a su obra: Buen Amor dixe al libro (estrofa 933). Hemos elegido la parte del libro titulada: De cómo murió Trotaconventos y de cómo el arcipreste hace su planto denostando y maldiciendo a la muerte (versos 1520-1578) y de ella se han extraído las partes más significativas.
El LBA es una obra larga y compleja que recoge influencias de la tradición religiosa (el autor es un clérigo) y de las obras de carácter didáctico (Exempla), pequeños relatos que ilustraban una moraleja o sentencia. Sin embargo, es deudora también de los flabiaux franceses (relatos cortos en verso, escritos por su carácter cómico o su valor ejemplar, al amor cortés, al teatro religioso y pagano; es decir, a todas las influencias de tipo pagano, que difundían una poesía inspirada en los clásicos, que cantaba a los placeres de la vida y atacaba a la jerarquía religiosa.
Se compone de una invocación, un prólogo en prosa, los gozos de Santa María y la disputa entre un griego y un romano (con la intención de que la interpretación del libro sea la correcta). Viene después el primer episodio autobiográfico: el arcipreste se enamora y envía una alcahueta (mensajera) a su dama, quien por dos veces la rechaza y apoyando su negativa en fábulas de animales. El segundo episodio es el cuento de un hombre que ve cómo su alcahuete (Ferrand García) consigue el amor de una panadera. Y así se suceden episodios hasta llegar al que hemos elegido, casi al final de la obra, cuando muere la alcahueta Trotaconventos, mediadora en la relación amorosa entre Don Melón y Doña Endrina; es el momento en que Juan Ruiz compone un Planto o elegía.

2. Análisis del contenido: Qué dice el texto.

A. El autor en el texto:
        A pesar de que a cada género literario le corresponder una actitud específica (en este caso de la épica, sería un observador de la realidad), podemos demostrar que en este caso se mezcla con el lírico: sentimiento de desprecio e incluso de ensañamiento y con el didáctico o ensayístico: reflexión acerca del poder de la muerte; apropiado a las características de la literatura en la Edad Media. Respecto a la postura, se mezcla también la postura objetiva y racional (non hay en ti mesura, amor, ni piedad / si no dolor, tristeza, pena y gran crueldad); es obvio que la muerte, personificada, no es parcial y, sin embargo, el poeta muestra su postura afectiva de dolor, en un vano intento por comprender su actuación: Tu venida triste no se puede entender,/ desde que vienes, no quieres a nadie atender. Finalmente, el narrador ha elegido la 2ª persona del singular para imprecar a la muerte: ¡Ay Muerte! muerta seas, muerta, y mal andante! y la 3ª para las reflexiones objetivas: nunca existió quien contigo pudiese contender. Se puede concluir con que se ha utilizado un monólogo que adopta la forma ficticia de diálogo con la Muerte.
B. El contenido
            Teniendo en cuenta las siguientes palabras clave (memoria amarga, a todos los igualas, cuerpo yermo a gusanos, cosa podrida, denostar, matas la vida, nunca torna con nuevas) y la generalización de las ideas del texto, se puede afirmar que el tema del texto es el desprecio a la muerte por su poder destructivo sin concesiones. Esta idea de muerte tétrica o macabra parece que proliferó en la Baja Edad Media (últimos siglos) debido a la difusión de la peste negra, a las epidemias y a las hambrunas frecuentes.
            El fragmento puede estructurarse en tres partes:
a)      Reflexión sobre el poder destructivo e igualatorio de la muerte.
b)      Demostración con la presencia del muerto: aspecto externo e interno.
c)      Necesidad de pedir por su salvación.

3. Análisis de la forma: Cómo lo dice
A. Plano fónico.
            En este apartado nos interesa considerar las figuras basadas en el sonido como es la aliteración que se muestra ya en la primera estrofa. La insistencia en el sonido nasal de /m/ y /n/ para subrayar el golpe que produce la venida de la muerte y sus consecuencias. Lo mismo se puede apreciar con la repetición del sonido /r/ en la estrofa quinta, contribuyendo a realzar el desgarro y agresividad que se deriva de sus acciones: Nadie está seguro de tu carrera aviesa,/ de fablar en ti, Muerte, espanto me atraviesa
            Por otro lado, nos encontramos con la estrofa característica del Mester de Clerecía: la cuaderna vía. Se trata de una composición de versos alejandrinos, también llamada tetrástrofo monorrimo, es decir, de catorce sílabas (tetrástrofo), con rima consonante uniforme (monorrimo), repartidos en dos hemistiquios de siete sílabas, con pausa o cesura entre ellos. Su nombre proviene del quadrivium (del latín ‘cuatro caminos’), referido a las cuatro ciencias que constituían la base de los estudios medievales y que provenían de los pitagóricos. Los clérigos o sabios que escribían en cuaderna vía habían cursado los altos estudios de entonces, la educación superior derivada del quadrivium. Ya en el siglo XIV el Mester de Clerecía evoluciona y encontramos muestras de cuaderna vía más escasas e imperfectas. Las irregularidades afectan tanto a la rima como al cómputo silábico. Un ejemplo lo encontramos en esta obra en que se sustituye a menudo la consonancia por la asonancia y los versos alejandrinos por los de dieciséis sílabas. Los versos largos suponen dos acentos estróficos en cada uno de los dos hemistiquios en sílaba par (6ª) que imprime un ritmo más fuerte al veros
B. Plano morfosintáctico.
            Las categorías lingüísticas que predominan son las nominales en las dos primeras estrofas, cuando se produce el enfrentamiento con la muerte, por medio del apóstrofe, figura retórica que se tratará en el siguiente apartado. Posteriormente, la presencia de los verbos es mucho mayor porque al autor le interesa destacar las acciones de la Muerte. En relación apropiada con el tema es esperable la exclamación: versos iniciales y finales. Las oraciones son simples, producto de la sencillez con que se pretende influir en el lector.
            Las figuras retóricas propias de este nivel son la derivación o poliptoton: mataste / matases; Muerte / muerta; vienes, venida; contender, entender, atender cuya finalidad es la insistencia en la significación de las palabras. Las estructuras bimenbres (al bueno y al malo, al noble y al refez; igualas y llevas; por papas e por reyes son recursos próximos al lenguaje popular, muy frecuentes en el Poema de Mío Cid, que Juan Ruiz ha elegido como medio de acercamiento al lector.
C. Plano semántico.
            La caracterización de la muerte y sus acciones está marcada por la elección precisa de los atributos que se le otorgan: deshaces la hechura, alegría entristece; mancillas la limpieza, cortesía envileces. Y está elección está basada en el contraste: hacer/ deshacer; alegrar / entristecer; manchar / limpiar; cortesía / vileza.
            Destaca también el uso de la alegoría de la Muerte, a quien se convierte en un personaje despreciable.
D. Conclusión.
            La presencia de la muerte en esta época es muy frecuente y en esta situación se toma una postura de violencia frente a la idea de resignación cristiana ante lo inevitable. Se puede comparar con la visión contraria que ofrece de la muerte Jorge Manrique y la que también a finales del siglo XV ser presenta en La Celestina cuando, provocado por el suicidio de Melibea, asistimos al Planto de Pleberio, padre de Melibea; en este caso, se percibe claramente la impotencia del ser humano: Turbóse la órden del morir con la tristeza que te aquejaba. ¡Oh mis canas, salidas para haber pesar! Mejor gozara de vosotros la tierra que de aquellos rubios cabellos que presentes veo. Fuertes días me sobran para vivir: Quejarme he de la muerte; incusarle he su dilación cuanto tiempo me dejare solo, después de ti. Quejarme he de la muerte


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada